Fresca de limón… ¡la nieve!

De los muchos recuerdos que tengo de mi abuelo el mejor es el de comer nieve con él. Cuando niña, esperaba ansiosa la hora de salida para ir a casa de los abuelos, tocar el portón rojo y anunciar mi llegada “¡Abuelos, ya llegué!”, dejar la mochila al pie del árbol de níspero, cortar una de tantas flores del jardín, darle un beso en la mejilla y la flor a la abuela, entrar a la cocina por los platitos rojos y las cucharas… “¡abuelo, date prisa!”, “Voy, ¿ya tienes los platos?”, “Sí, escucha, está cerca”… “¡Fresca de limón!… ¡la nieve!”, salir corriendo junto con los primos con nuestro respectivo platito rojo para que “Don Güero” nos sirviera la nieve…

Después, disfrutarla bajo la sombra del níspero entre risas, carcajadas e historias… contaba historias fascinantes, que hasta al más travieso de mis primos lo mantenía atento… y su sonrisa, ¡qué sonrisa tenía mi abuelo!, de esas que contagian alegría…

Cada vez que escuche “¡Fresca de limón!… ¡la nieve!”, sé que, aquella niña está junto a su abuelo tomados de la mano, con los platitos rojos esperando a “Don Güero”…

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